viernes, 19 de enero de 2007

Judas

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“Estaba Jesús en el cielo reunido con todos sus discípulos, y se encontraban analizando la problemática de la droga en el mundo, y el modo en que ésta destruía la vida de muchas personas y familias. Pero como ellos nunca habían probado, no sabían realmente lo que producía. Fue así como Jesús decidió mandar a todos sus discípulos a distintas partes del mundo para que trajeran distintas clases de drogas y analizarlas...

El hijo de Dios pasó cinco días esperando. Finalmente, tocaron a su puerta.

Toc-toc-toc.

—¿Quién es? —preguntó Jesús.

—Soy Juan.

Jesús abre la puerta rápidamente y le dice:

—¿Qué trajiste, Juan?

—Cocaína de Colombia, maestro.

—Muy bien, pasá, dejala ahí.

Al rato, vuelve a sonar la puerta.

Toc-toc-toc.

—¿Quién es? —pregunta Jesús.

—Soy Pedro.

Jesús abre la puerta y le dice:

—¿Qué trajiste, Pedro?

—Marihuana de Jamaica, maestro.

—Muy bien, Pedro, pasá y dejala ahí...

Al rato, toc-toc-toc.

—¿Quién es? —pregunta Jesús.

—Soy Mateo.

Jesús abre la puerta y le dice:

—¿Qué trajiste, Mateo?

—Crack del Bronx, maestro.

—Muy bien, pasá y dejalo ahí...

Y así sucesivamente iban llegando los discípulos con heroína de Afganistán, anfetaminas de una farmacia, LSD de Holanda, éxtasis de Manchester, hachís de Marruecos, opio de China, ketamina de una veterinaria y cucumelo de Misiones. Sólo faltaba un discípulo. En eso se oyó la puerta:

Toc-toc-toc.

—¿Quién es? —pregunta Jesús.

—Soy yo, Judas.

—¿Qué trajiste, Judas?

—A la DEA, cabrones... ¡¡¡Todos contra la pared!!! Ese de barba es el jefe...

Una Iglesia de las Historias

En 1998, cuando estaba en Los Angeles para el rodaje de El club de la pelea, fui con algunos amigos al museo Getty. Todas esas antigüedades, objetos decorativos, todas las galerías de cosas observadas por turistas silenciosos, mis amigos y yo. Ese desfile sin fin de obras maestras fue demasiado. Abrumador, como puede ser abrumador pasar el día en una feria callejera cuando tus ojos encuentran un nombre para cada objeto, un lugar en la historia, una historia. Demasiadas historias famosas amontonadas en una colina sobre Los Angeles. Por supuesto, convertí ese día en un cuento. En los años ‘70, cuando era niño, los museos eran más accesibles. Uno iba a las galerías para destrozar las bellas artes. Uno tomaba un martillo y destrozaba la nariz de La Piedad. O besaba un cuadro y dejaba rastros de lápiz labial. Uno trataba de pintar con aerosol la Mona Lisa o poner una bomba para volar algunos Miró. En estos días, por supuesto, el Getty tiene guardias y Plexiglas y detectores de movimientos. Así que, paseando con mis amigos, les pregunté: “En vez de robar o atacar el arte establecido, ¿qué sucedería si un artista frustrado tratara de colar sus obras en los museos del mundo? Este artista pintaría un cuadro, le pondría un marco y cinta scotch para ocultarlo bajo su sobretodo. Llegaría aquí como nosotros, abriría su sobretodo y colgaría su trabajo en la pared, justo ahí, entre los Picasso y los Renoir”. Esta pequeña trama se convirtió en un cuento, llamado “Ambición”, y en un guión. Después envolví ese cuento de un artista desesperado por encontrar un lugar en la Historia en una novela llamada Haunted. El mes que viene, el cuento y la novela serán publicados. El 13 de marzo, el Museo Metropolitano de Arte encontró un hermoso retrato de una mujer con una máscara de gas –enmarcado en oro– colgado en la pared de su galería. El 16 de marzo, el Museo de Brooklyn encontró un retrato de un oficial del siglo XVIII que sostenía un tubo de pintura en aerosol. El Museo de Arte Moderno encontró otra pintura el 17 de marzo: esta vez era una lata de sopa de crema de tomate. El Louvre y la Galería Tate también han encontrado cuadros similares colgados de sus paredes. De acuerdo con el New York Times, todo es obra del artista de graffitis británico Bansky, que usa un sobretodo y una barba falsa cuando cuelga sus piezas entre las obras maestras. ¿Coincidencia? ¿O todos somos la misma persona mucho más de lo que queremos admitirlo? Mis pensamientos son tan similares a tus pensamientos que apenas pueden ser llamados propios. Otro se hará rico cantando en la radio sobre tu más oscura fantasía, la que mantenés enterrada. ¿Es mejor ocultar tu idea oscura y esperar que los demás hagan lo mismo, o es preferible representarla y compartirla? Cuando escribía El club de la pelea, hablaba con mis amigos sobre la idea de un proyectorista que introdujera fragmentos de porno en películas familiares. Un amigo me dijo que no la usara, alegando que induciría a la gente a salpicar todo de porno. Cuando el libro se publicó, muchísimas personas me escribieron diciendo que ya habían introducido sexo en películas de Disney, que habían meado comida en restaurantes e incluso organizado clubes de pelea. Desde hacía décadas. Aun así, ¿cuándo hacemos más daño? ¿Cuando compartimos nuestras fantasías oscuras, cuando las exploramos en cuentos, canciones o pinturas, o cuando las negamos? Las historias son la forma en que los seres humanos digieren sus vidas: convierten los hechos en algo que podemos repetir y controlar, contándolos hasta que se agotan. Hasta que ya no consiguen una carcajada, una lágrima o una sorpresa. Hasta que podemos absorber, asimilar los peores eventos. Nuestra cultura digiere hechos al hacer cada vez versiones más pequeñas del original. Después que un barco se hunde o una bomba explota –la Tragedia Original– tenemos la versión que dan las noticias, la versióncinematográfica, la versión de la radio, la versión del blog, la del videogame, la de la Cajita Feliz de McDonald’s, la del chiste de Los Simpson. Ecos que se desvanecen. Luego dejamos de contarla, como la historia graciosa que uno cuenta en las fiestas, la historia que siempre hace reír, la historia de cómo una vez tomaste un ácido y te comiste un abrigo de piel. No porque deje de hacer reír a la gente sino porque digerimos los hechos. Ya está resuelto, y contar la historia ya no le sirve al narrador. Quizá por esta razón Radiohead ya no toca “Creep” en sus conciertos. Quizá sea la razón por la que soñamos, una forma compulsiva de contar historias, de procesar la experiencia como la comida en nuestras tripas, aun dormidos. Pero las historias que tenemos miedo de contar, de controlar, de crear... Esas nunca se agotan, y nos matan. Al menos eso les digo a mis amigos cuando me hacen callar. Para no darle a la gente ideas nuevas. Esta es mi historia sobre contar historias. Mi manera de digerir lo que hago. Le digo a la gente: cuanto antes contemos una historia, más rápido podremos agotarla y convertirla en un cliché; así, la idea tendrá menos poder.Hasta el siglo pasado, las religiones solían darnos un lugar para contar incluso nuestras peores historias. Visualizar nuestras más terribles intenciones. Una vez por semana, los pecados se podían convertir en historias, y contarlas a los pares. O al líder, que te perdonaría y te aceptaría de nuevo en la comunidad. Cada semana uno se confesaba y era perdonado y recibía la comunión. Uno nunca quedaba fuera del grupo porque contaba con una liberación periódica. Quizás el aspecto más importante de la salvación sea tener este foro, este permiso y esta audiencia para expresar nuestras vidas como una narración.Pero la iglesia se ha convertido en un lugar donde la gente va a verse bien, en vez de ser el lugar seguro donde pueden arriesgarse a verse mal; estamos perdiendo nuestro foro regular para contar historias, y también la salvación, redención y comunión que permite. Ahora, en cambio, la gente va a grupos de terapia, programas de recuperación de doce pasos, chat rooms, líneas de sexo telefónico y hasta talleres literarios para convertir sus vidas y crímenes en historias, para expresarlas y corregirlas, y así ser reconocidos por sus pares. Y devueltos al redil una semana más. Aceptados. Dada nuestra necesidad de transformar en historias las partes más oscuras de la vida –sobre todo las partes más oscuras–, dada nuestra necesidad de contarles esas historias a nuestros semejantes, y nuestra necesidad de ser escuchados, perdonados y aceptados por nuestra comunidad... ¿por qué no empezar una nueva religión? La llamaríamos la “Iglesia de las Historias”. Sería un lugar de representación donde la gente podría agotar sus historias en palabras, música o esculturas. Una escuela donde la gente aprendería habilidades que le permitirían controlar su historia y, así, su vida. Sería un lugar donde la gente podría salir de su vida y reflejarse; podría distanciarse lo suficiente para reconocer los patrones aburridos o los miedos irracionales o un carácter débil, y comenzar a cambiar. Para editar y reescribir su futuro. Como mínimo sería un lugar para que la gente se desahogue y sea escuchada, y en este punto, quizá, pueda seguir adelante. Sería un foro lo suficientemente seguro como para poder verse mal y expresar ideas terribles. En la historia moderna, mucha gente frustrada e impotente se acercó a las iglesias. Durante los últimos años de segregación, la gente se encontró en iglesias y reconoció que no estaba sola. Sus problemas personales no eran únicos. Esta “Iglesia de las Historias” le daría a la gente un foro para conectarse. Tendríamos un lugar y un tiempo y un permiso regular para contarnos historias. En vez de ignorar esta necesidad o satisfacerla en Starbucks, en esa ventana de tiempo creada por un capuchino –en vez de usar una falsa barba y pegar nuestra historia en la pared de una galería de arte–, le daríamos a la gente el permiso y la estructura que necesita para reunirse. Para contar historias. Para contar mejores historias. Para contar grandes historias. Para vivir grandes vidas.

jueves, 18 de enero de 2007

Lo que sé por David Bowie

No soy bueno en nada en particular, pero intento cualquier cosa y, por lo general, obtengo resultados más o menos decentes. Pero nada me resulta fácil. Aprender a escribir canciones fue tan doloroso. Me tomó muchos años sentir que estaba en control de esa facultad. Y tuve que trabajar duro en la composición. Lo mismo me pasó con el sexo. Todo es teatro. Todo. Incluso Springsteen es teatro. Les guste o no. Es una actuación, una interpretación de algo. Eso es lo que hacemos. Todos los que estamos en el negocio de la música somos gente disfuncional, porque creemos que es importante que más de tres personas conozcan nuestras opiniones. Todos los pintores, los músicos cuando a los locos no los encierran, terminan en el mundo del arte. Porque nadie mentalmente sano necesita decirle a cientos o miles de personas en qué creen, o qué piensan. Me gusta el arte demente y, en general, la música muy extraña. Antes que tener un hit, hoy por hoy me gusta la idea de cambiar el plan de cómo la sociedad suena y se ve. Aunque ya cambié algunas cosas, siempre supe que lo haría. Eso me hace sentir bien, muy recompensado. Yo nunca usé drogas, abusé de ellas. Y no me ayudaron en la vida. Pero no puedo decir que algo en particular me haya llevado a ese estado. Bueno, nada original. Sólo las tomaba. Tenía mucho dinero, las compraba y las ingería. No estaba en este planeta. No tenía noción de lo que pasaba a mi alrededor, o de mí mismo. Tengo agujeros increíbles: se aplica la metáfora del queso suizo. A veces la gente me recuerda alguna anécdota y la anoto, para no olvidarla otra vez. Tengo sinapsis rotas que se tienen que volver a pegar. Y estoy seguro de que cuando todos los circuitos se arreglen, los recuerdos van a volver. Tuve que resignarme, hace muchos años, a que no soy muy articulado cuando se trata de explicar cómo me siento, qué siento, sobre mí y sobre las cosas. Pero mi música hace ese trabajo por mí. Creo que lo que más me asusta es la falta de interés por todo de una porción importante de la gente joven. No tienen curiosidad por lo que sucede. Nunca sufrí un bloqueo creativo. Nunca intento analizar por qué; eso podría causarme uno. Ya sea escribir, hacer música o pintar, no tengo problemas en ese sentido. Siempre está pasando algo. Probablemente se debe a que el tiempo que otra gente usa en relajarse, yo lo uso para trabajar. No me gustan las vacaciones. Siempre las tomo con cierto esfuerzo. Nunca tuve la capacidad de concentrarme en una sola cosa por un largo período de tiempo sin ponerme inquieto. Y siempre sentí que había un área del rock donde podía trabajar cómodamente usando todos mis entusiasmos. Soy un tipo entusiasta. Me excitan terriblemente las cosas que son nuevas para mí. Mis canciones son una construcción. Pocas veces tienen un significado particular o profundo. Y si lo tienen, es algo muy personal; no pretendo que la gente lo perciba o entienda. No escribo canciones para eso. Me gusta pensar que son vehículos para que otra gente interprete o use a su gusto. Son un dispositivo. Eso hago con las canciones, con el arte en general. Me interesa saber cómo trabaja un artista, pero no necesito saber “de qué se trata”. Internet es, sin duda, la forma de comunicación más subversiva, rebelde y revolucionaria desde la televisión. Cuando apareció, el propósito original de rock and roll era instituir una voz alternativa a los medios de comunicación para la gente que no tenía la posibilidad y el privilegio de infiltrarse en ningún otro medio. La gente necesitaba entonces el rock and roll, pero se ha convertido en otra divinidad giratoria. Gira en un círculo vicioso que no cesa. Y el rock and roll ha muerto. Es una vieja desdentada. Ziggy Stardust fue definitivamente una reacción a la seriedad de los años 60, y a la cualidad cenagosa en la que estaba cayendo el rock. Creo que algunos de nosotros optamos por lo opuesto. Recuerdo que en esa época dije que el rock se debía prostituir. Y todavía creo en eso. Si vas a trabajar en un prostíbulo, hay que ser la mejor puta.Una estrella de rock que se hace mayor no debe renunciar a la vida. Cuando tenga cincuenta años lo demostraré. Salgo a divertir, no me limito a subir al escenario y tocar unas cuantas canciones. No podría hacer eso. Soy el último en pretender ser una radio. Prefiero salir y ser una televisión. No me arrepiento de nada. Si miro al pasado —cosa que rara vez hago— no lo veo como un equipaje sino como alas. Mi pasado me dio una vida fantástica. Para mí ha sido una experiencia de aprendizaje increíble, y ahora he llegado a una situación en la que sé mucho menos que cuando empecé. Nadie sabe más de lo que sabe una persona joven. Yo sabía tanto cuando tenía 25 años... Tenía respuestas para todo, sabía todas las respuestas. Francamente, lo que aprendí en la vida puede ser el relleno de un condón. Que después debería ser insertado en el culo de un gato.

jueves, 16 de noviembre de 2006

LA EÑE TAMBIÉN ES GENTE

La culpa es de los gnomos que nunca quisieron ser ñomos. Culpa tienen la nieve, la niebla, los nietos, los atenienses, el unicornio. Todos evasores de la eñe. ¡Señoras, señores, compañeros, amados niños! ¡No nos dejemos arrebatar la eñe! Ya nos han birlado los signos de apertura de interrogación y admiración. Ya nos redujeron hasta el apócope. Ya nos han traducido el pochoclo. Y como éramos pocos, la abuelita informática ha parido un monstruoso # en lugar de la eñe con su gracioso peluquín, el ~. ¿Quieren decirme qué haremos con nuestros sueños? ¿Entre la fauna en peligro de extinción figuran los ñandúes y los ñacurutuces? ¿En los pagos de Añatuya como cantarán Añoranzas? ¿A qué pobre barrigón fajaremos al ñudo? ¿Qué será del Año Nuevo, el tiempo de ñaupa, aquel tapado de armiño y la ñata contra el vidrio? ¿Y cómo graficaremos la más dulce consonante de la lengua guaraní? "La ortografía también es gente", escribió Fernando Pessoa. Y, como la gente, sufre variadas discriminaciones. Hay signos y signos, unos blancos, altos y de ojos azules, como la W o la K. Otros, pobres morochos de Hispanoamérica, como la letrita de segunda, la eñe, jamás considerada por los monóculos británicos, que está en peligro de pasar al bando de los desocupados después de rendir tantos servicios y no ser precisamente una letra ñoqui. A barrerla, a borrarla, a sustituirla, dicen los perezosos manipuladores de las maquinitas, sólo porque la ñ da un poco de trabajo. Pereza ideológica, hubiéramos dicho en la década del setenta. Una letra española es un defecto más de los hispanos, esa raza impura formateada y escaneada también por pereza y comodidad. Nada de hondureños, salvadoreños, caribeños, panameños. ¡Impronunciables nativos! Sigamos siendo dueños de algo que nos pertenece, esa letra con caperuza, algo muy pequeño, pero menos ñoño de lo que parece. Algo importante, algo gente, algo alma y lengua, algo no descartable, algo propio y compartido porque así nos canta. No faltará quien ofrezca soluciones absurdas: escribir con nuestro inolvidable Cesar Bruto, compinche del maestro Oski. Ninios, suenios, otonio. Fantasía inexplicable que ya fue y preferimos no reanudar, salvo que la Madre Patria retroceda y vuelva a llamarse Hispania. La supervivencia de esta letra nos atañe, sin distinción de sexos, credos ni programas de software. Luchemos para no añadir más leña a la hoguera donde se debate nuestro discriminado signo. Letra es sinónimo de carácter. ¡Avisémoslo al mundo entero por Internet! La eñe también es gente. María Elena Walsh

Francis Scott Fitzgerald (1896-1940)

La prueba de una inteligencia superior es la capacidad de retener dos ideas opuestas en la mente al mismo tiempo, y conservar la capacidad de funcionar. Uno debería, por ejemplo, ser capaz de ver que las cosas son irremediables y, sin embargo, estar decidido a hacer que sean de otro modo.

Preguntas a Daniel Paz

¿Qué es la libertad? La hermana bonita de la responsabilidad.

¿Llevar por apellido Paz, lo ha condicionado de algún modo a, por ejemplo, la paz universal, la paz interior o vivir en La Paz? No, pero siempre sentí simpatía por el Gral. Paz.

¿Sabe cuándo alguno de los diálogos de sus personajes ocasionará una simple sonrisa y cuando una carcajada? No, pero me gustaría. ¿Tiene un top ten personal de su trabajo? Te diría que mis mejores chistes son los que están por venir, pero suena un poco trillado, así que no te lo digo.

¿Está por irse de a viaje a...? A Rosario.

¿Sabe por qué hay tanta publicidad en los canales de cables que hace unos años justamente se vendían a sí mismos como la televisión sin publicidad? Ahora podrían venderse a sí mismos como la publicidad con un poco de televisión.

¿Es un spa un anticipo del Paraíso cristiano? Creo que no. Se supone que el Paraíso es donde uno va si se porta bien. ¿Qué son en definitiva los deportes extremos? Son esos deportes que en lugar de aparecer en Fox Sports, aparecen en Discovery Channell.

¿Los ha prácticado? Una vez me subí a un puente y escupí para abajo. Y ya que estamos ¿no es la vida lo suficientemente peligrosa y emocionante como para tirarse de un puente atado a una soga? Depende de dónde te hayas atado la soga.

¿Cerveza o vino? Sidra en Noche Buena; el resto del año, mate amargo. Al fin de cuentas ¿hay o no hay futuro como decían los punks? Ojalá que haya. ¿Me dice un ídolo de su juventud? Los Beatles y Bruce Lee.

¿Y uno de la actualidad? Mi perra.

¿Qué es un pecado capital en materia de humor? Creérsela. ¿Y el punto más alto de alguien que se dedica a generar comicidad? Que el lector se ria.

Le digo nombres y usted me dice algo de ellos, por favor: 1) Tato Bores Un tipo muy querido que hacía que la noche del domingo fuera más linda. 2) Alfredo Casero Un tipo que presenta pelis de artes marciales, muchas muy buenas. 3) Roberto Fontanarrosa Un tipo que me hizo decir "yo quiero hacer lo mismo que él".

4) Quino El Lennon & Mac Cartney del humor argentino.

¿Existen los pactos satánicos? No sé, pero dicen que si escuchás al revés un pacto satánico se oye un tema de los Stones.

¿Cuáles son las películas más graciosas que jamás ha visto? Amazonas en la luna, La pistola desnuda, Y dónde está el piloto, La vida de Brian y alguna que otra más.

¿Llegará el día en que llevemos la conexión a la banda ancha en la parte posterior de la cabeza al estilo Matrix? Mientras sea ahí y no más abajo, está todo bien.

¿Le gustaría ser Neo? Sólo para poder aprender rápido y fácil, instalando un software en el cerebro. ¿Bajo la calefacción o la subo? Bajala un poco.

¿Me dice algo extraño acerca de sí mismo? Con unos amigos armamos un Club de la Pelea. Nos encontramos una vez al mes y nos matamos. ¿Y algo bonito? Amo a mi esposa y a mis hijos. ¿Tiene gruppies? No, pero algunas veces tuve gripe. ¿Ha hecho goles de tiro libre? No soy bueno al fútbol. ¿Llegará un día en que cierre la puerta de su casa y se recluya, por ejemplo, en un templo budista? Mi aspiración es poder llevar el templo dentro mío a todas partes. Dicen que escribir es un acto solitario, sin embargo, usted escribe con la compañía de Rudy ¿Me explica como es crear de dos? Es como tener un flan con dulce de leche y además ponerle crema.

¿Me cuenta un proyecto profesional? Editar el libro de las F.Mérides Truchas. ¿Viste a la moda? Creo que no. ¿Tiene una afeitada perfecta? Definitivamente no. Los pelos de mi barba son cables de acero. ¿Todo le va mejor con Coca - Cola? Si lo mio fuera arreglar caries, sí. ¿Sabe que es un metroman? No. ¿Es un superhéroe del subte? ¿Vive intensamente o mide sus energías? Vivo intensamente pero sé parar antes de vaciarme. Qué le diría a: a) Tom Waits Tom. Gracias por "The heart of saturday night". b) Paul Auster Paul. Gracias por "Mr. Vértigo". c) William Shakespeare Will ¿Yoghur Ser o yoghur No Ser? d) El Gordo y el Flaco Flaco ¿qué hacés al lado de ese gordo insoportable? ¿Tendrá Dios barbas blancas y mal caracter? Más que mal carácter, diría que tiene un sentido del humor muy especial.

¿Sabe por qué los dibujitos japoneses tienen los ojos tan grandes? Por la misma razón que en las pelis de Hollywood los presidentes norteamericanos son buenos. ¿Reencarnará en....? No sé, pero ojalá que no sea en el Indonesia. Le dejo este espacio para que nos deje su sello, una frase, un pensamiento para irnos a domir.... Que descanses y que sueñes con los angelitos. Reportaje realizado por Claudio Andrade en junio de 2006 para el Diario de Rio Negro

Coloquialismo de los sesenta

Qué cosa, levantar un muro. Los gringos deben tener mucho miedo. Porque supongamos que el Muro se convierte en una Meta, esas Metas que convocan a gente de todos lados, y viene gente de todos lados a ver si pueden alcanzar la Meta. ¿Cuál sería la Meta? La Meta sería saltar el Muro o sortear el Muro. Supongamos que se viene un alemán con una garrocha enorme y toda la locura a cuestas y dice: “Yo puedo saltar el Muro de los Gringos”. Y supongamos que al Muro le queda ese nombre: “El Muro de los Gringos”. Y todos se preguntan qué cosa quiere decir “gringos”. Y se hacen reportajes a los intelectuales y ante todo a Vargas Llosa, que fue el primero que escribió “gringos” en una nota que leí ayer o antes de ayer en el diario en que escribe Vargas Llosa, en Crónica, creo, o no, debe ser otro, porque Crónica me da mersa para Vargas Llosa, pero lo que importa es la nota, el mensaje es la nota, no el medio, y, en el caso de Vargas Llosa, el mensaje es Vargas Llosa, porque uno lee “Vargas Llosa” y ya sabe que la nota es medio facho-liberal, con hambre de Premio Nobel, pero ésta no parecía ser muy facho-liberal porque Vargas Llosa les decía “gringos” a los “gringos”, ¿se dan cuenta?, hay que atreverse, uno pensaba que, a los gringos, Vargas Llosa les diría Masters of Democracy and Free Market, pero no, en esta nota les dice “gringos”, cosa que da rencor latinoamericano, cosa que da, qué sé yo, Revolución Cubana o, sin más, Fidel Castro, que todo el tiempo dice cosas horribles de los gringos como “Gringos de mierda, cabrones imperialistas, go home”, aunque no sé si Fidel dice “go home”, creo que solamente dice “gringos cabrones” y lo otro, que no lo voy a repetir porque quiero que esta nota me salga fina, sin puteadas, porque la anterior que escribí en este estilo que se llama, sépanlo bien, escritura automática, la otra, decía, que se llamaba Pinturita, tenía muchas palabras de ésas a las que se les dice “malas”, y un amigo escritor (yo estoy lleno de amigos escritores porque soy escritor y un escritor tiene amigos escritores así como Moyano tiene amigos camioneros) me dijo, mi amigo escritor, me dijo que esa nota mía, Pinturita, abusaba del “coloquialismo de los sesenta”, yo me sentí mal porque tenía razón, mi cuento basaba su lenguaje (no me digan que esto, “lenguaje”, no da fino) en un cuento de, justamente, los sesenta, muy coloquial y de Rodolfo Walsh, que se llama Corso, y es un gran cuento, pese a eso que a mi amigo no le gusta, pese a ser puro coloquialismo de los sesenta, aunque se me dirá que Walsh escribía en los sesenta y ahí cundía el coloquialismo y él, como hombre de su tiempo, escribía en coloquialismo de los sesenta, y yo diré que un escritor, cuando es grande, se adelanta a su época o recrea el estilo de una época anterior con lo cual crea una vanguardia al revés, digamos una vanguardia hacia el pasado, cosa que termina siendo un gran hallazgo, pero yo venía hablando de otra cosa, venía hablando de la nota que sacó Vargas Llosa en Crónica, o en otra parte, y decía, en esa nota, que los “gringos” se equivocaban con esto del Muro, y uno piensa “si será facho esto del Muro que hasta Vargas Llosa está en contra y se pone en izquierdista latinoamericano y les dice ‘gringos’ a los ‘gringos’”, y ahí, ahora me acuerdo, empecé a hablar de Fidel Castro, pero antes yo venía hablando del alemán y su garrocha y su sueño demente: saltar el Muro de los Gringos y pasar al otro lado, el problema, creo yo, no es saltar el Muro, para mí, lo digo en serio, si viene un alemán, un alemán de esos alemanes que meten miedo, que son un tanque, que uno los ve y se asusta, se asusta y dice “llegó la Wehrmacht, rajemos”, un tipo pongamos como Oliver Kant, el arquero, o Khan o algo así, pero ya saben cuál digo: el arquero ése, el del Mundial, el que mató en el Mundial del 2002 y se quedó en el banco en el del 2006, ése, Oliver Nationalsozialismus, supongamos que viene Oliver, trae la garrocha bajo el brazo y dice “Voy a saltar el Muro de los Gringos” y toma carrera y apoya la garrocha y salta y se eleva y pasa, en efecto, al otro lado del Muro y queda hecho mierda cuando llega al piso, pero del otro lado, porque no es lo mismo hacerse mierda del lado mexicano que del lado gringo, o sea: que el tipo ganó, se salió con la suya y el ejemplo cunde y se vienen deportistas de todas partes, y se organiza un Gran Torneo de Salto con Garrocha para saltar el Muro de los Gringos, lo cual terminaría siendo una masacre, aunque a nosotros, que somos argentinos, nada de eso nos puede conmover, porque ningún argentino iría con una garrocha a hacer una boludez como ésa de saltar el Muro de los Gringos, porque acá tenemos gente sensata, gente que les diría a los supuestos osados que es muy inseguro saltar el Muro de los Gringos, que no hay seguridad ni garantía alguna en eso, y el encargado de decir eso sería el señor Juan Carlos Blumberg, de quien no tenía intenciones de hablar porque quería una nota de tono internacional, de ésas que saca Vargas Llosa en Crónica, que uno lo lee y dice “se las sabe todas, se da con lo mejor de lo mejor, siempre está yendo a una cena con Carmen Balcells o a buscar un premio de literatura o a dar las gracias a algún homenaje que le hacen los banqueros chinos o los financistas de Wall Street”, pero se ve que me vine para el lado del ser nacional, que se expresó, como todos saben, en las fragorosas jornadas de San Vicente, donde se pudo ver que del peronismo se podrá decir cualquier cosa, pero que aburrido no es, porque, digamos la verdad, ¿alguien imagina a la gente del ARI entreteniendo así al país entero?, honestamente: hay que decirlo, aquí, sin el peronismo, ni los diarios saldrían, ni noticias habría, en cambio con el peronismo, todos comen con el peronismo, y muchos se comieron, en San Vicente, una paliza de aquéllas, y los muchachos con los palos esos, la gente paga guita para ver Kill-Bill, esa de Tarantino con Uma Thurman, y los peronistas te dan Kill-Bill en vivo y en directo, con sangre de verdad, y no sólo con palos, con tiros también, porque ahí nomás un pirado se puso a tirar tiros para todos lados, y la gente de cualquier otro partido, los radicales digamos, ésos se rajaban todos y se acababa el espectáculo, en cambio los peronistas se quedaron y se siguieron amasijando sólo para dar espectáculo, para la tribuna, que es el país, y por el país los peronistas hacen todo, se estrujan, se escupen, se amasijan y todo, como si fuera poco, junto al féretro de Perón, y alguien me contó que Kirchner ordenó levantar el acto y alguien le preguntó: “¿Y con Perón qué hacemos?”, una pregunta descomunal porque tiene un contenido teórico de la gran puta, porque lo que la pregunta pregunta (esto me salió por tanta clase sobre Heidegger, se me mezclan los estilos, y bué), lo que la pregunta pregunta, decía, es ¿qué hacemos con la herencia de Perón?, o peor sería si la pregunta se transforma en una afirmación: “Los peronistas ya no sabemos qué hacer con Perón”, y si seguimos tirando de esta piola (que es fenomenal) podemos decir (ya que nadie negará que Perón es el peronismo) que “los peronistas ya no saben qué hacer con el peronismo”, lo cual es grave, porque el peronismo es la Argentina, cosa que todos habrán notado por el aspecto famélico que tiene el anti-peronismo, y si el peronismo es la Argentina, entonces el peronismo no sabe qué hacer con la Argentina, lo cual ya es más que grave, terrorífico, porque el famélico anti-peronismo tampoco sabe qué hacer con la Argentina salvo gritar “¡barbarie! ¡barbarie! ¡barbarie!” ante los sucesos desangelados de San Vicente, y si ni los peronistas ni los anti-peronistas saben qué hacer con el país estamos en manos de la más grande inseguridad que pueda ser imaginada, cosa que, adivinaron, nos lleva al ingeniero Blumberg, hombre curioso y digno del más detallado y fino de nuestros análisis, algo digno de Vargas Llosa y las páginas de Crónica, yo no sé qué piensan ustedes de Blumberg pero mi análisis va a ser fenomenológico, esta disciplina se caracteriza por “ir a las cosas mismas”, como dijo Husserl, gran bocho alemán, y no “ir a las cosas” como dijo el mínimo Ortega y Gasset que vino al mundo para que Grondona lo citara, pero vuelvo a Blumberg, vayamos “a las cosas mismas”, a él, ¿qué es lo que vemos de él?, para mí, si me permiten, en un, digamos, primer acercamiento, creo que le gustan las carpetas, ¿qué tiene Blumberg con las carpetas?, ¿por qué lleva tantas carpetas y hasta libros sujetos por alguno de sus brazos?, algo quiere decirnos, y lo que quiere decirnos, conjeturo, es que él, si no es la ley, es quien más se calienta por ella en este país, un hombre que lleva tantas carpetas a cuestas es un hombre preocupado, ocupado, obsesionado por las causas judiciales, y alguien obsesionado por las causas judiciales es alguien obsesionado por la justicia, de aquí que Blumberg aparezca siempre que la justicia o las instituciones de la democracia representativa al servicio de las cuales la justicia está, está en peligro, de aquí que Blumberg haya marchado a Misiones donde hoy el peronismo enfrenta a uno de sus más históricos adversarios: la Iglesia, y la Iglesia enfrenta al peronismo, representado en esta ocasión por un señor que no recuerdo o no sé cómo se llama pero sé que es un político de pelo en pecho porque quiere ser gobernador para siempre, y aquí mi amigo, el que me acusó de esa cosa tan fea: el “coloquialismo de los sesenta”, me dice: “no le podés reprochar a un político que quiera durar, si no quisiera durar no sería un político, ¿o no te acordás (sigue mi amigo) de esa cosa tan inteligente que dijo Régis Debray cuando le preguntaron qué diferencia había entre Fidel Castro y el Che Guevara y entonces Debray se lució y dijo “uno es un político, el otro es un mártir; el político quiere durar, el mártir quiere morir”, me dejó desconcertado mi amigo, qué frase ¿no?, nada que ver con esa mierda del coloquialismo de los sesenta, y entonces yo me dije “si Fidel, como político, quiere durar y el gobernador de Misiones también, entonces el gobernador de Misiones es castrista, como Vargas Llosa”, qué lo parió con Fidel, ¿sabrá del éxito que está teniendo?, y hacia allí fue Blumberg, hacia Misiones, él y todas sus carpetas, y el adversario del gobernador de Misiones, ¡ya sé cómo se llama!, se llama Rovira como Roviralta, es un cura que se llama Piña, como Felipe Piña, pero no es historiador, es cura, y dicen que Rovira juega para Bergoglio y Piña para Kirchner, o al revés, sí, al revés, y Blumberg no juega para nadie, todos se le acercan y le hacen arrumacos, y le dicen “¿no quiere jugar para mí, ingeniero?” y nada, Blumberg musa, ni una palabra dice, y sigue andando por ahí con sus cabellos blancos al viento y todos sus secretos están en sus carpetas, que, por ahora, nadie, salvo él, leyó, y, lo juro, a veces me asusto, porque a veces me pregunto, en medio de alguna pesadilla, en la helada quietud de la noche, me pregunto: ¿qué saldrá de esas carpetas el día que las abra?
José Pablo Feinmann