martes, 20 de marzo de 2007

Una multipolaridad nuclear preapocalíptica

Por José Pablo Feinmann

El título que acaban de leer lo puse porque creo que es real. Que lo que dice está pasando. También lo puse pensando en el recientemente ido de este mundo Jean Baudrillard, que solía visitarnos y todos lo iban a escuchar y el hombre decía genialidades como “la guerra del Golfo no ha tenido lugar”, una banalidad basada –más o menos– en que no la habíamos visto por televisión. Hace poco, leyendo sus necrológicas, todas muy informadas, me enteré de que había dicho, sobre el asunto de las Torres Gemelas, que ése, el de las Torres, había sido “un evento absoluto” y otra vez todo el mundo se pone a decir eso: “evento” absoluto. “Evento” es una palabra que inventó Heidegger y la copiaron (usando sobre todo su sinónimo “acontecimiento”) Foucault, Deleuze, Badiou y, por supuesto, Baudrillard. La cuestión me puso pensativo. Me pregunté: ¿y si invento alguna fórmula, algún verso baudrillardiano sobre el caos que es hoy la historia? Y ya está: inventé el título de esta nota. Es un poco largo. O no tanto: la frase del francés sobre la guerra del Golfo lo que se dice “corta” no es. Por ahí, me dije, paso a la historia como Baudrillard. Y en mis necrológicas –o, al menos, en una, porque una, supongo, habrá– se dice: “Había definido la temporalidad histórica de la primera década del siglo XXI” (y aquí viene) “como ‘una multipolaridad nuclear preapocalíptica’”. Y, ahí, desde algún lugar del Cielo o del Infierno, sonrío y le digo a Baudrillard: “¿Viste? Y eso que nunca fui francés”.

Alguien dirá: ¿éste pone ese título espantoso y encima se lo toma en broma? (También puede decirse “en joda”, que da TVVómito.) ¿Y cómo quieren que se tome la vida alguien que cree, en serio, eso: que vivimos una “multipolaridad nuclear preapocalíptica”? Miren: Irán ya es la novena potencia nuclear. Al frente de Irán está su líder, Mahmoud Ahmadinejad, que, es cierto, tiene un nombre difícil y, en una nota reciente, la escritora Alicia Dujovne Ortiz se quejó de esa circunstancia, de ese nombre del líder iraní, que para ella, dijo, era impronunciable, algo que me pareció un poco racista, dado que para un iraní no ha de ser difícil decir “Ahmadinejad” y debe ser imposible decir “Dujovne Ortiz”. El líder iraní, decía, no parece muy confiable. Puede tener el nombre que quiera, uno no va a quejarse por eso, pero hacer un simposio o congreso para demostrar que el Holocausto “no ha tenido lugar”, algo que ni Baudrillard se animó a decir, me parece una perrada, tiene como un tufillo nazi que lo lleva a uno a pensar que el hombre ha de amar los extremos, la ultraderecha, por ejemplo, o la ultraizquierda, se me ocurre, pero muy cuerdo no está, y si no está muy cuerdo es peligroso que esté al frente de una potencia nuclear, tal como está otro que, para mayor horror de la historia que vivimos, está más loco que él, que Ahmadinejad, y se llama, adivinaron, George Bush, que está terriblemente preocupado por los chinos, como todo el Occidente capitalista. Aquí, usted como yo, se preguntará: ¿no debieran estar contentos? ¿No acaba China de reconocer, por ley del Estado, la propiedad privada? ¿Saben ustedes qué decía Hegel de la propiedad privada? Decía: “Es la expresión objetiva de la libertad subjetiva”. O sea, que uno, por más que sea libre “subjetivamente”, si no tiene una casa, un auto, un perro, una cortadora de césped y un revólver para cuidar todo eso no es “objetivamente libre”. Vean si no será importante lo que acaban de hacer los chinos: le dieron la libertad “objetiva” a su pueblo. Sin embargo, Occidente está preocupado. Ni siquiera salió una nota de Vargas Llosa festejando la medida, diciendo que los chinos no practican el “idiotismo” latinoamericano. Les tienen miedo a los chinos. Dieron, se dice, otro paso hacia la “economía de mercado”, que, quién no lo sabe, es la panacea, el bálsamo de este sufriente universo. Pero, igual, no hay caso: les tienen miedo a los chinos. Occidente, digo. Todo Occidente. Salió a decirlo Donald Rumsfeld, el zorro de Irak. Que los chinos crecen militarmente en la modalidad del exceso. No dijo que en esa modalidad sólo puede crecer Estados Unidos, pero para qué iba a decirlo si todo el mundo lo sabe y lo acepta. Lo acepta pero lo imita. De donde nos acercamos a mi título espectacular: están todos armándose nuclearmente. Los chinos declararon que su presupuesto militar es de 40.000 millones de dólares. Pero los expertos de Bush le deterioraron, con esta noticia, dos hoyos de un partido de tenis: “Es mentira –le dijeron–. Es de 100.000 millones. Y ya tienen un Programa Espacial”. Bush llamó a Blair, quien lo consoló con su habitual, encantadora sonrisa: “No te preocupes, Georgie. ¿Qué te pareció Hellen Mirren haciendo de reina nuestra? ¿No está adorable?” Bush lo llamó en seguida a Chirac. Le dijo que Occidente corre peligro. Y Chirac, calmándolo le dijo: “Por supuesto”. Y para peor: “Que Irán aparezca como novena potencia nuclear va a provocar un cataclismo en la región. Y en todo el mundo también. En la comunidad internacional. Imaginate: inseguridad, desconfianza, sobresalto, puntos de vista enfrentados, políticas antagónicas”. Bush entra en pánico. Aquí nos detenemos. Es necesario aclarar algo: la historia es la historia, uno juzga los grandes acontecimientos. Pero cuando la historia se encarna en individualidades como la de George Bush uno debe pensar también en esos individuos y no sólo en los “eventos absolutos”, como Baudrillard. Ergo, digo: cuando George Bush entra en pánico no se toma los cuatro Rivotril de 2 mg que le recomendó su médico: misilea un país o lo invade y ordena torturar a los cretinos que lo habitan. Por tanto, le responde a Chirac: “¡Hay que invadir Irán!” “No –le responde Chirac, que tiene unos modales de lo más civilizados–, vea, no se puede invadir Irán”. Bush exhibe su rapidez de reflejos. Dice: “¡Un ataque nuclear terminal entonces!” “No –insiste Chirac–, eso descalabraría toda la región del Islam y los uniría, los conglomeraría, se adherirían unos con otros y todos contra nosotros”. Bush le cree y siente que así Occidente no puede vivir. Le informan, para colmo, que Putin está furioso desde que sabe que él, Bush, piensa instalar escudos antimisiles en la República Checa y Polonia, “que eran nuestras –-habría dicho–, y volverán a serlo”. Bush se toma los cuatro Rivotril y se va a dormir no bien le informan que hay novedades desde Venezuela.

Chávez es, para los norteamericanos y, claro, para Bush, a quienes los norteamericanos votaron para su segunda presidencia, y a quien, parece, sólo en Hollywood odian, una pesadilla indefinible. No podía ser de otro modo: Chávez es indefinible. Hay una foto en que se cuadra frente a Kirchner y le hace la venia bien a lo milico, que uno tiene que mirarla tres o cuatro veces para creerla. Kirchner, además, le hace un gesto paternal con su brazo derecho y le pone una sonrisa del tipo “dale, loquito, vení, que en la Argentina los tipos que hacen la venia nos costaron demasiado”. Chávez vuelve loco a Bush y a la comunidad internacional y al entero Occidente.

Qué hacemos con este hombre, se preguntan. Le hicimos un golpe basado en el deterioro de las instituciones y con gran apoyo de los grandes diarios y el hombre se salvó. Esperemos que en Argentina nos salga mejor, pero con Chávez hay que inventar algo distinto. Mientras tanto lo aguantan. Tiene petróleo. Le da un montón a Bush. Y todavía, parece, no se armó nuclearmente. Pero... lo recibió a Ahmadinejad. ¿Se dan cuenta?, clama Occidente. Chávez lo recibe a Ahmadinejad, Ahmadinejad le da armas nucleares, Putin (Rusia, entre el 2007 y el 2015, destinará 190.000 millones de dólares para armas nucleares y de todo tipo) lo apoya porque quiere otra “crisis de los misiles” y ganarla, ganar desde Venezuela la guerra que Nikita Kruschev, ese torpe, no supo ganar desde Cuba, y Occidente se encuentra con un caos nuclear desatado desde América latina, donde, por ahora, no estaba el ojo del huracán. Si ocurre eso, si el conflicto nuclear sorpresivamente se transforma en una nueva “crisis de los misiles” con centro en Venezuela, ¿qué hará Irán con sus misiles sobrantes? ¿Los arrojará sobre Israel? ¿Qué hará Israel? ¿Arrojará todo su arsenal nuclear sobre Irán? ¿Qué hará Rusia, ese adversario vencido, abatido bajo las piedras del Muro, que ahora busca venganza, que odia la sonrisa de “perfecto idiota neoliberal” que exhibe Andrés Oppenheimer? ¿Qué hará China? ¿O no saben que China puede, entre otras terribles cosas, desplegar una red de microsatélites dotados de rayos láser, capaces de neutralizar los satélites norteamericanos e inmovilizar a las fuerzas de tierra, de aire y de mar de América, que, como todos sabemos, quiere decir “Estados Unidos”? Y por último, ¿qué haremos nosotros? Qué hará usted.

lunes, 5 de marzo de 2007

El reposo del guerrero

martes, 20 de febrero de 2007

QUINO

martes, 13 de febrero de 2007

No saben como me gustaría....

...que si hay alguien allá afuera que lea mi blog, pudiera dejarme algún comentario acerca del mismo. Si bien (todavía) no he publicado nada de mi autoría, es agradable saber si, primero, hay alguien allí, y si se comparten o no la selección de textos. Se agradece. Un servidor...

Este post es para vos, que lo pediste...

Gran Hermano Gran

Por Sandra Russo

Debo confesarlo antes de que Paparazzi haga una investigación y lo descubra: desde la primera edición, soy fan de Gran Hermano. Fue el primer reality y creo que concentra todos los anzuelos, los vicios y las perversiones del género, sin llegar a los patetismos o los bordes bizarros de otros. Bueno, ser fan es una manera de decir, no recuerdo cuál participante jugó contra cuál, ni tengo habilitado el canal para seguir los movimientos de la casa las 24 horas. Soy todo lo fan que puedo ser de un reality, pero digamos que cuando se largó aquella primera edición, me atrajo el trazo grueso del juego, que consiste en ser mirado y escuchado sin interrupción.

Básicamente, Gran Hermano es un juego de exposición. Para jugar bien hay que tener carne y ponerla toda en la parrilla, aunque tal vez haya que hacerlo por partes, tal vez haya que mentir, tal vez haya que exagerar. Y unos cuantos años después de aquella primera experiencia, y ya no con los “valientes” de Solita sino con los “hermanitos” de Jorge Rial, es inevitable advertir que lo que está expuesto es el mecanismo del juego, más que los conflictos que puedan exhibir o relatar sus participantes.

Gays, huérfanos, bailarinas exóticas, prostitutas, taxi boys, maestras jardineras, desocupados, muchos mundos han confluido en esa casa en la que supo haber una vaca y un sauna de acuerdo con la temporada, y en la que ahora hay un estudiante de medicina cordobés que se autonominó porque dice que no soporta votar a los compañeros, y una profesora de educación física que resultó nominada básicamente porque “no cuenta” su historia, y hacerlo les parece a los demás una obligación “para dejarse conocer”. Los enerva tanto que la chica no hable sobre sexo ni cuente alguna experiencia traumática, que después de insultarla le siguen gritando, absolutamente convencidos de que si uno se inscribe en Gran Hermano es para exponerse.

Posiblemente tengan razón, porque si todos los participantes fueran tan discretos, el rating sin duda bajaría. No podrían hacer lo que hicieron, por ejemplo, con otra de las chicas, que en el casting confesó que había grabado un video para Playboy. Telefé y sus ediciones diarias sobre el reality mantuvieron silencio, pero como ahora la televisión trabaja en combo, Jorge Rial obtuvo el video (no debe haberse tratado ni de una gran búsqueda ni de un gran hallazgo, toda vez que la chica en cuestión parece decidida a “todo por un sueño”), y pasó en Intrusos, su programa de América, las imágenes de Griselda manteniendo relaciones eróticas con dos mujeres y un hombre.

Después del surgimiento de tres o cuatro estrellitas de Sofovich provenientes del reality, el reality en sí mismo perdió interés, porque a cada uno que entra se le leen los cálculos en la cara: todos quieren entrar al mundo del espectáculo, porque no saben hacer nada.

Pero una cosa que me llama la atención ahora, y me pasó inadvertida antes, es que uno de los resortes que hacen que ese reality funcione de todos modos, aun cuando esa casa observada durante todo el día y toda la noche ya dejó de intrigar porque observados y todo nunca están haciendo algo que valga la pena ser visto, es precisamente la ofrenda de la exposición.

A la televisión hay que mirarla como termómetro no de lo que abunda afuera, sino de lo que escasea. Y afuera, es decir en la vida real, hay una gran crisis de exposición. La gente común tiene ataques de pánico y los trastornos de ansiedad son los síntomas de la época. Si invertimos los términos, podemos decir que en la vida real, el afuera asusta, da pudor, miedo, y el contacto personal es cada vez más evitado. Hay relaciones que empiezan y terminan sin que ninguno de los dos pueda explicar por qué. Hay mucha gente que prefiere guardarse a exponerse, a bajar el cierre relámpago de su historia, a dejar a la vista las costuras de sus heridas. Ese es el afuera que mira el adentro de la casa de Gran Hermano. Esa es la gente que consume un producto pródigo en ataques de llanto. No pude evitar sentir un escalofrío de vergüenza ajena cuando la profesora de educación física, una chica preciosa y con un cuerpo bárbaro, se puso a llorar desconsoladamente en el confesionario porque por fin pudo largar eso que la atormentaba: “Tengo estrías”, dijo, y clamó por sus cremas para la celulitis.

Y también son interesantes algunas grietas, como la de esa mujer que llamó al programa de debate y preguntó si la producción cuida psicológicamente a los participantes. El conductor, Mariano Peluffo, le aseguró que sí. “¿Y entonces por qué lo pusieron a Jorge Rial, después de lo que le hizo a Marcelo Corazza?”, preguntó la mujer. Peluffo tragó saliva, porque eso forma parte de la lógica de la televisión que la televisión no puede explicarle a nadie. Como se recordará o como no se recordará, Corazza fue el ganador del segundo Gran Hermano, y lo hizo gracias a un perfil de profesor de educación física de moral barrial, que se negaba a meterse de noche en los amasijos de cuerpos franeleantes. Después de ganar, Rial le hizo trampa: le metió en el auto a un taxiboy con una cámara oculta y allí se reveló la bisexualidad del ganador que, por otra parte, ya no le interesaba absolutamente a nadie.

Lo que atrae de Gran Hermano es, de todos modos, la disposición de cierta gente para poner la cabeza allí donde se la puedan cortar. Es en general gente sin mayores expectativas que las de ligar un laburito en la tele. Para jugar, hay que ejercer cinismo, hipocresía y vileza. Cuanto mayores sean las cuotas de cada ingrediente, más hábil se considera al jugador. Hay que entregar al amigo, nominar al mejor para que deje el camino libre y despedirlo, si se va, con lágrimas en los ojos. Yo no sé, pero todo esto a mí me hace acordar de algo.

miércoles, 7 de febrero de 2007

El miedo a envejecer

"El miedo a envejecer nace del reconocimiento de que uno no está viviendo la vida que desea. Es equivalente a la sensación de estar usando mal el presente" Susan Sontag

viernes, 19 de enero de 2007

Judas

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“Estaba Jesús en el cielo reunido con todos sus discípulos, y se encontraban analizando la problemática de la droga en el mundo, y el modo en que ésta destruía la vida de muchas personas y familias. Pero como ellos nunca habían probado, no sabían realmente lo que producía. Fue así como Jesús decidió mandar a todos sus discípulos a distintas partes del mundo para que trajeran distintas clases de drogas y analizarlas...

El hijo de Dios pasó cinco días esperando. Finalmente, tocaron a su puerta.

Toc-toc-toc.

—¿Quién es? —preguntó Jesús.

—Soy Juan.

Jesús abre la puerta rápidamente y le dice:

—¿Qué trajiste, Juan?

—Cocaína de Colombia, maestro.

—Muy bien, pasá, dejala ahí.

Al rato, vuelve a sonar la puerta.

Toc-toc-toc.

—¿Quién es? —pregunta Jesús.

—Soy Pedro.

Jesús abre la puerta y le dice:

—¿Qué trajiste, Pedro?

—Marihuana de Jamaica, maestro.

—Muy bien, Pedro, pasá y dejala ahí...

Al rato, toc-toc-toc.

—¿Quién es? —pregunta Jesús.

—Soy Mateo.

Jesús abre la puerta y le dice:

—¿Qué trajiste, Mateo?

—Crack del Bronx, maestro.

—Muy bien, pasá y dejalo ahí...

Y así sucesivamente iban llegando los discípulos con heroína de Afganistán, anfetaminas de una farmacia, LSD de Holanda, éxtasis de Manchester, hachís de Marruecos, opio de China, ketamina de una veterinaria y cucumelo de Misiones. Sólo faltaba un discípulo. En eso se oyó la puerta:

Toc-toc-toc.

—¿Quién es? —pregunta Jesús.

—Soy yo, Judas.

—¿Qué trajiste, Judas?

—A la DEA, cabrones... ¡¡¡Todos contra la pared!!! Ese de barba es el jefe...